Paulette pasa su tiempo jugando sola en el patio trasero bajo un árbol alto, sosteniendo su muñeca, en una zona rural. Ver a otros niños divertirse sin ella la hace sentir sola. De repente, la silla de madera en la que se sienta comienza a moverse y la arroja. Ella valientemente vuelve a subirse, y la silla comienza a corcovear como un caballo salvaje, llenándola de alegría. Corre por el campo y luego la arroja justo en medio de los niños que juegan, ayudándola a superar su timidez. Paulette se une a ellos y se divierte. Cada día, pasa tiempo con la silla, charlando con ella, leyendo libros juntos, durmiendo la siesta a la sombra, persiguiendo a un gato, o simplemente corriendo por los campos de verano.
A medida que pasan las estaciones, Paulette crece, y gradualmente se vuelve demasiado grande y pesada para la silla pequeña, superándola. Cuando llega a sus primeros años de adolescencia, debe mudarse a la ciudad, viviendo en una diminuta habitación alquilada y enfrentándose a una gran clase llena de niños y niñas como la nueva estudiante transferida. Las otras chicas la ignoran, dejándola una vez más aislada e infeliz. Pero su leal silla de madera está ahí para ella, y corren juntos por la ciudad. Pasar todos los autos en la carretera principal le recuerda a Paulette las veces que corrieron con caballos salvajes en el campo cuando era mucho más joven, haciéndola muy feliz. Una vez más, la silla la lanza por el aire, ayudando a Paulette a encontrar nuevos amigos.