Quien protagoniza es alguien de los estudiantes más desesperanzados de su escuela. En esta institución, bajo supervisión docente, los alumnos pueden manifestar sus puntuaciones de exámenes como combatientes virtuales para luchar entre sí. Sin embargo, abandonar un examen a medio camino resulta en una puntuación de cero. Mizuki Himeji, una chica brillante y linda, tuvo fiebre alta durante el examen. A pesar de tener potencial para quedar segunda en todo el grado, obtuvo cero porque tuvo que retirarse debido a la enfermedad, y consecuentemente fue colocada en la peor clase, la Clase F.
Las calificaciones lo determinan casi todo. La Clase A disfruta de un docente con estilo, un televisor de plasma que cubre toda la pared como pizarrón, laptops personales, aires acondicionados individuales, refrigeradores, asientos ajustables y varios otros electrodomésticos. El refrigerador está abastecido de bebidas y aperitivos, el techo es de vidrio y las paredes permiten decoraciones y plantas de alta categoría. En cuanto a la Clase F —la peor clase—, tienen simples escritorios japoneses y cojines para asientos. El pizarrón está sucio y ni siquiera hay tiza. Un estudiante se queja de que la pata de su escritorio está rota, y la persona encargada de la clase responde: «¿Acaso no repartimos pegamento para reparar madera? Pégalo de nuevo tú mismo más tarde». Otro estudiante señala que entra viento por una ventana rota; la persona encargada dice: «Entendido. Solicitaré bolsas de plástico y pegamento invisible para arreglarlo después». Telarañas cubren la habitación, ninguna sección de la pared está limpia y un distintivo olor a moho —probablemente de los viejos tatamis del suelo— impregna la sala. Esta es la realidad de la Clase F.
Quien protagoniza encuentra esta situación inaceptable y recluta a sus amigos para intentar el cambio mediante guerras de invocación. Idean varios planes para derrotar a la renombrada Clase A, con el objetivo de reclamar el aula y el equipo de la Clase A si ganan.