Unos días después de la eclosión, cuatro patitos ya nadan en el estanque mientras su madre vigila el último y más grande huevo. La abuela pata, a quien le gusta charlar, teme que pueda ser un huevo de pavo. Tres días después, el último polluelo nace, revelando un cuello largo y un graznido desconocido. Aunque es diferente en apariencia a sus hermanos, la madre se alivia al verlo entrenar activamente para nadar. Él se enfrenta a las burlas de los perros, al acoso de las ranas, al desprecio de otros patos y al ostracismo de sus cuatro hermanos. Una tarde, abandona a su familia. En otoño, el viajero solitario le pide a un ganso que lo deje unirse a su bandada. Durante su conversación, un cazador dispara un arma, y apenas escapan del sabueso. Al llegar el invierno, el patito yace en una cama dentro de una cabaña cerca de una casa junto al lago, observado con preocupación por un gato negro y una gallina. Se despierta y se entera de que el gato lo salvó de un ataque de comadreja. La gallina nota su apariencia inusual, pero el gato le asegura que puede quedarse todo el tiempo que desee. Tras la primavera, llega el verano. Unos niños en la casa junto al lago divisan un hermoso cisne. El gato negro le dice a la gallina que está orgulloso de haber criado al cisne. Los días del joven cisne son tranquilos y felices, pero cuando cae la noche, recuerda a su gentil madre pata.